Cristales del silencio
Las teclas del aguacero evocan una monotonía ritual
grisáceas miradas que se cuelgan del tumulto de las nubes
la humedad manda señales radicales desde mis pies hasta los confines de la inmensidad
allá donde hay guaridas en las que el polvo se mantiene seco
donde la negrura nunca se decolora
una cabaña de barro hecha por las aves y habitada por la nostalgia
días contados en voces que son como la memoria moldeada en piedra
son como la ilusión de una compuerta solemne abierta sobre la paz de las penas
son como el oro de un solo segundo esparcido en la eternidad
son templos cerrados que aguardan la vuelta del dios de las trincheras y las derrotas
aquel que porta las llaves de los caminos espinosos.
El viento me moja el rostro
el yeso absorbe su propia decadencia ahuecando sus mejillas con el peso de sus
diamantes presos
los cristales del silencio se quiebran y departen cual si fuesen cielos migratorios
son estas tonalidades del agua cuando va cayendo
vestigios de una rutina cósmica en espera de un olvido.
Mis ropas hondean azotadas sobre mi cuerpo
mis órganos reinician sus funciones vitales en busca de una abducción inesperada.