LA MORALEJA DE MATÍAS (Un Secreto de Amor)

Íbamos a ciento cuarenta kilómetros por hora, habíamos dejado la carretera rural y el sonido de la sirena despejaba el tráfico en las inundadas calles de la ciudad. Parecía que el mundo entero estaba fuera de casa y que todos querían retornar a la misma hora; la avenida repleta de autos era un collage de colores puesto que las luces se multiplicaban en el asfalto mojado. Las alcantarillas colisionaron y el agua subía a las aceras; la torrencial lluvia caía en el parabrisas de mi auto con tal intensidad que las plumas de nada servían, el vapor que salía de mi cuerpo mantuvo el cristal empañado durante todo el trayecto, la calefacción tampoco ayudó demasiado, la visibilidad era nula y tuve que conducir con la ventana abierta y la cabeza por fuera para no perder las líneas entrecortadas de la autopista. No tenía idea de que hora era, en ese momento mi único objetivo era no perder de vista a la ambulancia y conducir tras ella para llegar con mi pequeño Matías a la sala de urgencias del hospital, temía que pasara lo peor.
Me había convertido en un experto para esquivar vehículos y evadir señales de tránsito.
Desde los primeros meses de vida le diagnosticaron a mi hijo una extraña enfermedad que cada cierto tiempo le ocasionaba convulsiones que parecían no terminar y que me mantenían en zozobra constante pensando que se iría para siempre. Esta vez la sensación era más fuerte y más real, sabía que era diferente, todo lo que acontecía era el presagio del suceso que quería evitar a toda costa.
Acabamos de ver una película, una comedia que habíamos comprado a mucha insistencia suya, quería que la viéramos juntos. Cómo habría de negarme si me encantaba ver como sus ojos negros se iluminaban cada vez que sonreía, los hoyuelos en sus mejillas sonrosadas me hacían quererlo más porque, al igual que su cabello castaño claro que en forma de melena le enmarcaba el rostro, los había heredado de su madre. Su alegría era tal que no podía contenerme y juntos reíamos hasta más no poder, él viendo la película y yo tan sólo con mirarlo.
No podía entender cómo Matías, en tan poco tiempo, seis años nada más, me había dado tanta dicha, tampoco entiendo cómo pudo aguantar, siendo muy pequeño, la pérdida de su madre y cómo pudo aguantarme a mí, porque yo siempre he tenido el carácter insoportable.
Cuando llegué al hospital y cuando por fin me dejaron verlo, estaba dormido, las convulsiones habían cesado; pasé mi mano por su frente y ardía en fiebre, jamás lo había visto tan mal; mientras le acariciaba abrió sus ojos con mucha dificultad y me sonrió.
-Papi, sabías que puedo oír hablar a los animales- me dijo muy despacio. No entendía sus palabras, pensaba que deliraba debido a la alta temperatura.
-No mi cielo, ¿por qué dices eso?
-Una mañana lo descubrí, te has dado cuenta que mi cuarto tiene dos ventanas y que por la una se ve el terreno del vecino Manuel y por la otra, el de doña María-
-Si mi vida desde tu cuarto tienes una hermosa vista, justamente por eso estás ahí, ¿recuerdas que me pediste que pusiera tu cama frente a la ventana para que todos los días pudieras ver la salida del sol?-
-Si papi pero últimamente ha pasado sólo lloviendo-
-La lluvia es necesaria también para que todo vuelva a crecer, para que los campos se pongan verdes y hermosos-
-No papi, no es que me moleste pero cuando llueve no vienen mucho las garzas y no puedo oírlas hablar- Volví a tocarle la frente y la fiebre continuaba en aumento.
-Te duele algo, te sientes bien mi hijo-
-No papi no me duele nada, estoy bien pero quiero que deje de llover para oírlos-
-Para oírlos ¿a quiénes?-
-A los bueyes y a las garzas-
No me cabía duda, mi pequeño no estaba bien, algo pasaba en su cerebro y debía ser por algún medicamento o por la fiebre. No sabía qué hacer y lo único que se me ocurrió fue llamar a la enfermera que lo atendía. Ella vino muy rápidamente y lo revisó con todos sus aparatos. Yo no quise quitarle la vista de encima, quería ver sus mínimos movimientos y gestos, tal vez podía interpretarlos y descubrir algo que quisiera ocultarme pero no fue así, después de revisarle me llevó a un lado de la habitación, le dije que no se callara nada que era su padre y que debía saber todo lo que sucedía y así fue, poniendo de lado sus palabras técnicas, me dijo que era muy probable que no resistiera los medicamentos y que quizás no pasaría de esa noche.
Quedé helado, inmóvil, ¿Cómo podía pasarme eso a mí? ¿Qué iba a hacer yo sin mi pequeño Matías? Nada en mi futuro tenía sentido.
-Papi ven, déjame que termite de contarte-
Su voz era más dulce que de costumbre, esa noche más que nunca quería que sus palabras no se terminarán, que no dejara de hablarme, la sola idea de perderlo me estaba matando y estaba dispuesto a hacerle compañía en su camino hacia el cielo.
-Ven papi, siéntate aquí conmigo que este es mi gran secreto y no puede oírnos nadie más-
Le hice una señal a la enfermera y ella entendió que debía dejarnos solos, seguidamente fui a su lado, me acomodé en su cama, lo abracé y atento esperé que prosiguiera contándome su “secreto”
-No me acuerdo si fue el martes papi cuando me desperté porque había mucho ruido, pensé que estabas viendo la tele, me levanté de la cama y noté que las voces venían de afuera de la casa, me asomé a la ventana y ¿qué crees papi? El buey de doña María estaba discutiendo con el de don Manuel-
No quería interrumpirle, temía que si lo hacía, nunca más escucharía su voz y mi atención se centró por completo en él.
-El de don Manuel le hacía un reclamo al de la señora María, le preguntaba por qué ahuyentaba a las garzas cada vez que se acercaban a donde él estaba. Muy molesto el de doña María le contestó que no le gustaba verlas cerca, que su presencia le incomodaba, que sus plumas le daban alergia y le hacían estornudar y que lo peor era sentirlas sobre su lomo, le dijo que no entendía como él podía soportarlas. Entonces el buey de don Manuel le respondió que no le molestaban para nada, que ellas eran sus amigas y que todos los días le limpiaban de los parásitos, le espantaban los fastidiosos mosquitos que él no podía espantar con su cola y que, sobre todo, le hacían compañía. ¿Has visto que limpio estoy y cuán alegre? le dijo. Sí, no voy a negar que los he oído cantar y reír cada vez que ellas dejan su vuelo y se posan en tu espalda pero… yo prefiero estar solo, no has oído el refrán “el buey solo bien se lame”. ¿Por qué dices eso? Le dijo el buey de Don Manuel, no vez lo enojado que estás y que todo el cuerpo lo tienes lleno de llagas, las garrapatas te están comiendo vivo y tú no quieres aceptarlo, la soledad no es buena, te hace amargado y todos quieren alejarse de ti, además ellas vienen de tan lejos y lo único que buscan es volver de vez en cuando a su hogar y ver a sus amigos, lo mínimo que debemos hacer es recibirlas y aceptar su amistad. Pero son tan diferentes a nosotros le replicó. Si el mundo está lleno de criaturas diferentes y eso es lo que lo hace hermoso terminó diciéndole el buey de Don Manuel.
Tampoco recuerdo si fue el viernes papi cuando me despertó otra vez la bulla, las risas y el alboroto ya no me dejaron dormir y me asomé a la ventana del buey de don Manuel y me sorprendió cuando vi que no estaba, corrí hacia la otra ventana y ¿qué crees papi? El buey de don Manuel se había metido en el terreno de doña María y los dos estaban riéndose y jugando en el potrero y con ellos estaban gozando de su felicidad también las garzas.
Papi, yo quiero que seas como el buey de don Manuel, yo no quiero verte solo, acepta la compañía que Dios te va a mandar del cielo, también le voy a pedir alas muy blancas y voy a bajar a posarme en tu hombro o en tu ventana ¡Ah! y no rechaces a tus amigos, sal, diviértete y conoce más gente tienes que ser feliz, recuerda que yo quiero verte feliz-
Mi Matías no estaba delirando, él simplemente me imitaba. Cada noche antes de dormirse le contaba una historia como si fuese un hecho real y me aseguraba de que entendiera la moraleja. Mi hijo hizo lo mismo conmigo. Cómo iba a imaginar que a su edad pudiera darse cuenta de la realidad en que vivía, que no era feliz, que era un ermitaño y un solitario que mi alegría se había sepultado junto con el cuerpo de su madre y que desde ese día no permitía que nadie entre en mi vida.
Su serenidad era asombrosa, me preparó para su partida como si yo fuese el niño y él adulto y tenía razón porque como un niño no paré de llorar abrazando su cuerpecito aún tibio.
Mi hijo se fue aquella noche y desde entonces estoy en la búsqueda de la persona que me traerá de vuelta la felicidad y cada vez que miro el cielo observo detenidamente el vuelo de las aves, mi corazón se estremece y no puedo evitar preguntarme ¿Cuál de ellas tendrá las alas de mi pequeño Matías?
Texto: Juan Carlos Cadena
Pintura de portada: Reinaldo Aupaz

Comentarios & Opiniones

JUAN CARLOS CADENA

Quiero compartir, con mis amigos poetas, una pequeña historia de amor, perdón por quitarles un poco de su tiempo.

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juan.R

Triste pero hermosamente escrita Felicidades abrazo y estrellas.

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Lucia

Hermosa historia nos regalas en esta entrega. Muy bien descrita, con los matices de una obra llena de bellas imágenes. Felicitaciones, qué bien escribes. Mis respetos.

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JUAN CARLOS CADENA

Juan y Lucía, muchas gracias por tomarse el tiempo para leer esta historia de amor y tristeza, con relación a un poema es un poco extensa por eso reitero mi gratitud. Son muy amables al comentar, que gusto que haya sido de su agrado. Un abrazo.

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Jorge Loyola

Juan Carlos muy buena historia y muy bien escrita.
Un placer leerte , abrazo.

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Leonardo Sarmhi.

Hermosa triste historia...Verdaderamente es un secreto el amor y ternura, del pequeño Matías..Excelente manera de escribir y describir; los personaje, hechos, y los propios detalles del mismo. Bello contenido.!! Abrazos, estimado Juan Carlos..!!!

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JUAN CARLOS CADENA

Muy amable Jorge por tu visita, por regalarme un poco de tu tiempo y gracias por tan agradables comentarios. Saludos cordiales.

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JUAN CARLOS CADENA

Gracias Leonardo, otro abrazo para ti, un gusto poder compartir mis escritos con ustedes amigos y colegas de este bello mundo de las letras.

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Jaime Mauricio.

Estimado Juan Carlos, que gusto haber pasado por tus letras, estas en especial, llenas de un amor infinito, muy triste imaginar siquiere algo así, pero solo Dios es el que da las fuerzas necesarias para salir adelante, sludos y abrazos.

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JUAN CARLOS CADENA

Muy agradecido Jaime Mauricio por tu lectura, así es, esta es una historia bastante triste pero con un mensaje de amor, muchas veces necesitamos tocar fondo para aprender y cambiar nuestra manera de vivir. Que bueno que te tocó el corazón. Saludos

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ASILVAR

Juan Carlos, que te puedo decir, si la partida de tu amor, tu compañera es triste, no me imagino el insano dolor que se puede sentir con la partida de un hijo, mis respetos y admiración por ese amor que tanto le brindaste, saludos po esta obra, abrzs

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MOREI

Juan Carlos, cada una de tus lineas destilan ternura y amor, la historia que narras aunque triste es aleccionadora, gracias por compartirla.

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JUAN CARLOS CADENA

Gracias por darle importancia a mi historia MOREI, los comentarios nos animan a seguir creando y compartiendo. Es un gusto enorme poder hacerlo. Un afectuoso abrazo.

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JUAN CARLOS CADENA

Muchas gracias Asilvar por tu lectura, es muy triste y aleccionadora esta historia pero gracias a Dios no me ocurrió a mi; realmente no sé lo que haría si me llegase a enfrentar a algo como esto. Cuando uno escribe inserta pequeños fragmentos de la

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JUAN CARLOS CADENA

vida cotidiana, partes reales y otras imaginadas que, en conjunto, gestan obras que pueden ser maravillosas y creíbles. Un gran abrazo mi amigo. Una buena noche.

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Lety Cia

Linda y detallada narrativa . Muy visual. Me gustó y voy a seguir tus relatos . Saludos desde Uruguay

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JUAN CARLOS CADENA

Hola Lety Cia, que bueno que te haya gustado esta pequeña historia. Muchas gracias por visitarme y más aún por seguirme. Un abrazo hasta Uruguay desde Ecuador.

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Lety Cia

Muchas gracias.

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Osler Detourniel

Excelente relato, muy buena narrativa. Saludos fraternos

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JUAN CARLOS CADENA

Agradezco la gentileza de detenerte en mi muro Osler Detourniel. Eres muy amable al comentar. Afectuoso saludo.

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El Sanguche

Juan Carlos bello, emocionante y destacado poema y dedicatoria. Matias sonríe desde el cielo. Abrazo.

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JUAN CARLOS CADENA

Tus comentarios me llenan y me impulsan a continuar escribiendo El Sanguche, gracias por pasar por esta historia de amor verdadero. Un abrazo

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