La magia de la naturaleza

Ayer te vi y me di cuenta que no somos diferentes
que igual que tú, me camuflo en silencio entre la gente
evitando ser devorado por los adoradores de carroña
por esos que te sonríen mientras ocultan su ponzoña

La sinfonía de la vida cada vez se torna triste
nos condena a habitar espacios donde el amor no existe
se lleva la certeza, devora la poca confianza
cual sigiloso enemigo nos hurta toda esperanza

Mientras, ansiosos tratamos de limpiar nuestra basura
la hipocresía nos quita todo rastro de hermosura
extendemos, entre nosotros, una gran cortina de humo
¡que nadie ose escarbar lo que hay dentro de uno!

¿Qué podemos hacer? Después de todo es así la vida
hay que comer de la manzana, la parte que no está podrida,
beber el agua del vaso que siempre estuvo medio lleno
y comprender que el amor no es un sentimiento ajeno

Respirar profundo, sentir el viento en la cara
dejar que la lluvia se lleve esas sensaciones raras
pisar descalzo la hierba y liberar el corazón
de esa angustia que calcina y se convierte en obsesión

¿Qué sería del mundo sin la magia que dan las flores,
sin ese efecto hermoso que producen sus colores?
permite que se regocije tu alma con la magia de la naturaleza
ella te hará recordar que eres parte de su belleza

Ten presente que, si sonríes, lo mismo tendrás de regreso,
que el cariño y el amor son como niños traviesos
que revuelven, meten bulla y lo desordenan todo,
pero, sin duda, evitan que la soledad te hunda en su lodo
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Texto y fotografía: Juan Carlos Cadena