Destino De Piedra

poema de Juan Oriental

Yo soy una piedra
que vive rodando.
Una piedra errante
que arrojan a diario:
Ruedo por la vida
y cuando me canso,
me arrojan de nuevo
y así me desgasto,
siendo que fui roca
de grueso tamaño;
puerta de la cueva
del Cíclope aciago
Polifemo, el mismo
al que, amenazado,
Ulises, hiciera
caer en engaño.

Sin gloria ni pena,
fui contra Goliat,
la piedra certera
que David lanzara
y el triunfo le diera.

Conmigo han herido
y han edificado
lo que deshicieron.
Y me han desechado
y me han requerido;
de nuevo la mano
construyó afanada
lo muy codiciado
y otra vez la sangre
me dejó su rastro.

Yo no tengo amor
presente en mi vida,
pero sí recuerdo
de volcán que ardía,
que mi buena madre,
era roca viva.
Mi padre: montaña,
Rey de ignota cima.
Mi hermano: arrecife,
temible en sus iras
de triunfo salado
por naves hundidas.

Yo pude ser risco,
pedregullo, arena...
pero sin embargo,
por la vida rueda
mi suerte a los tumbos.
Yo soy una piedra,
una piedra simple
que comprometieran
y no entendió nunca,
por más que viviera,
la crueldad humana
tan ingrata y fiera
para con mi ser
y su ánima terca.

Sin ira ninguna
soy piedra serena
y ansiosa de paz.
Una piedra suelta
que descansó sólo
la ocasión aquella
en que Cristo dijo
(estando yo presta
a herir nuevamente
por la mano artera)
más o menos esto
que mi alma festeja:
"Aquel que esté libre
(y aquí me liberan)
de culpas, que arroje
la primera piedra".

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