El aprendiz.
poema de Jesús Ángel

Con voz y corazón,
ama lo que hace,
sigue el ritmo,
se entrega al arte.
Disciplina en cada gesto,
control y emoción:
aprende a respirar,
entrena el diafragma.
Afina los tonos,
fortalece el timbre,
pule su voz
como si fuera cristal.
Sin dejar de practicar,
respira.
Calla.
Escucha los silencios,
siente la canción...
Con alma,
con timbre,
con técnica y compromiso.
Ni en lo agudo,
ni en lo grave,
procurando no desafinar,
el aprendiz está listo,
para su examen final.
Y cuando llegue el momento,
con el corazón abierto
y el cuerpo en afinada
armonía.
¡Cantar por cantar,
como quien vuela sin alas,
cantar y cantar!


