Agapi mou

poema de Jesús Duran

Repentino fue su cambio,
repentina su decisión.
Cambió de dulces sus besos
por amarga desaprobación.

Repentina la sonrisa
que vio partir de aquel puerto,
lugar de dulces encantos,
lugar de encuentros inciertos.

Pasó de un "amor, buenos días"
entre mejillas mojadas,
al desvelo sin respuesta
de cualquier día,
de cualquier madrugada.

Repentino fue su cambio,
repentina su elección.
Repentina la mirada,
cargada de negación.

Repentinas las caricias
acompañaban el cortejo,
eran tan raras pero propicias,
así sus manos se hacían fuego.

Repentino fue su cambio,
repentino como su acción.
Repentino fue el deseo
que el joven experimentó.

Dulce y amargo el sentido:
probar la miel de sus brazos,
probar el eco de sus gemidos,
probar el "no" de sus recatos,
probar el "sí" de lo fingido.

Fueron duras sus palabras,
fugaces sus juramentos,
tan terribles como engaños
que aún me queman por dentro.

Repentino el cambio en su voz,
repentino su cruel argumento:
"Ya no sé qué hacer contigo"
fue su última expresión al viento.

Mente nublada en el silencio,
sin saber cómo responder.
En el trágico sufrir del tropiezo,
quería hacerla mi mujer.

Repentinos los giros del alma
en momentos de dulce apego,
como el llanto de un niño perdido,
como el llanto de un bebé con sueño.

Repentinos son los cambios,
repentinos los versos al florecer.
Si el amor propio está en peligro,
hay que hacerlo renacer.

La noche se torna gris,
así un nudo en mi garganta,
sabiendo que no se puede exigir
amor a alguien que no te ama.

Repentinos los coqueteos,
que se visten con frases hirientes,
así como un enjambre de serpientes,
destruyendo de raíz los deseos.

No hay respuestas al parecer,
¿ya hay quien cubra tus deseos?
Esas ganas de ser mujer,
que te presuman como trofeo...
¿Quién las puede entender?