A Le Barón

“Benji, . . . puro corazón.”

Nuestro Padre, Dios,
fue quien guió su voz,
con todo el aliento
le inyectó talento.

Para abrir conciencias,
infrahumanas, necias,
la razón es sable
de fuerza insondable.

Su mente recinto,
credo, laberinto,
no dejaba dudas,
prédicas agudas.

A todos los suyos
habló, sin barullos,
por ser sus hermanos
les tendió las manos.

Con ese, ser tan capaz,
reales metas, de paz,
alumbrada dignidad,
ir en pos de libertad.

Por preclaros ideales
de puros hombres leales,
dignidad y valentía,
así, su vida ofrecía.

Mataron a Benjamín,
ofrezcámosle un jazmín
a su corazón herido,
por ahora sin latido.

Cumplió su misión,
no hubo sumisión,
será recordado,
soñado, adorado.

Le Barón ha muerto,
que florezca un huerto,
deseos de justicia
su ángel acaricia.

Al prócer, una oración,
luto hay en la Nación,
llanto, ira, un lamento,
agonía y sentimiento.

Ha de andar en su jardín,
alumbrando Benjamín,
allá, por azules cielos,
a la luz de sus anhelos.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
México, D. F., a 19 de agosto del 2009
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