Al Maestro Tata Aurelio

“Llanto amargo en su sepelio . . .”

El Lago de Pátzcuaro llora el deceso
del gran Maestro Aurelio, congoja hay por eso
las aguas y el viento le rinden tributo,
el silencio reina, es triste, absoluto.

El luto ha asolado los alrededores
no zarpan las lanchas de los pescadores
lágrimas, tragedia, colman la tarraya,
la muerte triunfante, pues, jamás desmaya.

Sinfonía de sombras la dirige el llanto,
la pena, a las olas, cubre con su manto
el vaivén restringen, la aflicción las mece,
el pescado blanco bailar no apetece.

Este golpe es duro pa’ la danza, seco,
de las mariposas queda solo el eco;
tanta inspiración que dio el fiel cerebro
del compositor cuidemos su acervo.

La música calla mustia en su “orillita”
por la ausencia, sola, se encuentra marchita,
sufren un martirio el tul, la chuspata,
las aves no graznan por desgracia ingrata.

Al prócer Morelos, magno monumento,
llegan desconsuelo y aciago lamento,
la efigie del “Siervo” en cantera rosa
conoce el trayecto, la historia gloriosa.

Del genial artista, con el puño al cielo
le dice: ¡presente! en un vivo anhelo
de que sus pirekuas rítmicas virtudes
impregnen los aires de otras latitudes.

Falleció Don De La Cruz Campos Aurelio,
“Los Hijos de Itzihuapa” están en su sepelio
las islas Yunuén, Tecuena, Pacanda,
le preparan misas porque Dios lo manda.

Tan huérfana armonía enmudece presta
en Janitzio hay duelo no toca la orquesta,
quedan en paz la vihuela, el sax, la trompeta,
la infausta guitarra desdicha respeta.

El arpa, violines, bajo, el mismo piano,
se van con su Tata lejos a lontano,
instrumentos varios resguarda un estuche
que el músico inerte nuestro rezo escuche.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda.
Ciudad de México, a 01 de marzo del 2021
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