Oda al palé

Tu linaje obliga

atribulado expósito,

mientras los otros,

aquellos asesinos de ilusiones

buscadores de la alabanza fácil,

te pintan,

te decoran,

te rodean,

te sientan,

te aplanan,

te "adecentan",

te adjuntan,

te ponen,

¡oh, viruta húmeda!

¡Oh, resto maloliente!,

hoy, príncipe, qué digo, rey

en todos los ágapes diseñados,

en toscos tugurios, tampoco faltas;

Tú que siempre fuiste ejemplo obrero,

funcional, dinámico, práctico,

hoy, príncipe, qué digo, rey

en la boutique de moda,

en los penachos insulsos

nacidos de ideas perezosas,

ávidas de reconocimiento;

te vi coronado de guirnaldas,

con ruedas,

en dicha boutique,

tambień como mesa de diseño,

soportando, estoico, cuatro hermosas jardineras

repletas de flores;

también, maquillado, travestido, lacado.

Mi querido palé, aunque siempre te recordaré

solo en el almacén, exudando cola,

soñando ser la creación de un gran ebanista,

me alegro de comprobar que al menos

puedes estar cerca de alguna.