Prometí cuidarme
El día que te fuiste, escribiste:
“Me da miedo que vuelvas a tus viejos hábitos”.
Como si supieras exactamente a quien había llamado apenas te fuiste. Como si leyeras mi mente.
Me dijiste que te dolía imaginarme con otros.
Yo, ilusa, creía que hablabas en serio y me sentí culpable por meses, como si te debiera luto, un minuto solemne.
Pero lo que más me resonó fue cuando escribiste:
“Por favor, prométeme que te cuidarás y no harás cosas impulsivas”.
Como si te importara lo que me pasaba. Como Edward Cullen cuando dejó a Bella en “Luna Nueva”.
Debo admitir que por mucho tiempo me cuestioné si acaso me alejé de las malas decisiones por madurez o porque tu voz se repetía en mi mente. Diciendo: “no lo hagas, lo prometiste”.
Y ahora, después de años. Después de descubrir que tenía a otra en casa, mientras me ocultaba a mí. Cuando supe que fui una amante por accidente, sin saberlo, sin siquiera sospecharlo.
Fue entonces cuando descubrí la farsa.
No me dijiste esas cosas porque me amaras, lo dijiste porque me querías ahí, esperándote, creyendo que me dejabas por mi bien. Así estaría ahí, disponible para subir tu ego cada vez que te hiciera falta.
Hay dos opciones, o en verdad me amaste o eres otro más de los narcisistas que van fingiendo amor para llenar sus partes faltantes.





Comenta & Vota