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poema de Paralipomena
Vida, no me llores
que nada te debo,
pero, en cambio, tú
me debes todas
esas noches blancas
de avaricia acalambrada
en lo que apenas fue
el dejo de un recuerdo.
Me debes todas
las horas del día
que desde madrugada
ya robabas.
Por medio del miedo,
ya suponías
que yo temblaba,
y entre otras ridiculeces,
a veces también
me atrevía a amar.



