Cita con el Psiquiatra

poema de Adrián

Psiquiatra: Bien, empecemos.

Yo: últimamente sufro de ansiedad, el párpado izquierdo Salta y Salta sin parar y por las noches ni se diga; no consigo dormir, veo pasar una y otra vez la manecilla del minutero por el número doce y por su puesto cada vez avanza más despacio. He intentado mucho: leo, ya las ovejas de han cansado de saltar, repito una serie de respiración que por casualidad encontré en la red pero, solo me ha servido para saciar ese otro trastorno llamado
"hambre de aire" que también irremediablemente me mete pensamientos tontos; ya sabe dejar de respirar, salir corriendo con una gran bolsa y atrapar todo el aire para llevarlo a mi catre. Cierto día cayó una tormenta mientras saboreaba mi inmundo café; que había endulzado demasiado, me desprendí de mis zapatos y me senté a mojarme y la verdad, ¡como extraño la tormenta!
Otro día; acaricie un gato.
Ocasionalmente recurro al té, otras veces me consumo en el cigarro y para mi desgracia no tolero el alcohol, por muchas que sean mis ganas de embriagarse hasta orinarme y revolcarme en mi propia miseria.

Psiquiatra: ¿Vive solo?

Yo: Con toda la pena del mundo he de confesar que si aunque, no siempre ha sido así. Hasta hace pocos meses vivía completo, sonriente, feliz y lo confieso ¡hasta me sentía atractivo!. Otras damas se quedaban mirándome, y me decían ¡así quiero un caballero! Con bella sonrisa. También confieso que si, la tengo.
De tan feliz que era (vaya el pasado si que duele) hasta practicaba ser bueno. Pero, ya no es así, se vinieron los días negros, empezó el desasosiego y, mi amor ya no fue lo suficiente; ni el dinero.
En un principio no le importó; sus ojos rasgados seguían sonrientes, y yo dormía complaciente al lado. Pero, pasó y se fue y ahora ya no hallo lugar ni instante dónde tirar mis andrajos pestilentes a tristeza, quisiera emborracharme pero ya le he contado.

Psiquiatra: ¿cómo se llama ella?

Yo: su nombre, empieza con "S"

Psiquiatra: Mi amada, también se escribe con "S"

Yo: Si, también he notado su hambre de aire y el temblor de su párpado por eso; he venido a ayudarle.

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