Fue mi Vacio

Hace frío, y sigo respirando, pero no siento el aliento. El grito más desgarrador es el que nunca sale, el que se ahoga dentro, una angustia que nunca se libera. Es como caminar descalza sobre hielo que corta, con el miedo de no tener fuerzas para avanzar. Es la fragilidad de no poder cantar frente a una multitud que te observa sin saber que ya has dejado de existir por dentro. Y aún así, sigo aullando, sin esperanza, sin consuelo, retorciéndome en el dolor que no sé cómo detener. Sin control, sin saber qué hacer, solo dejando que cada lágrima se lleve lo poco que queda de mí.
Y sin decir una sola palabra, mis pensamientos gritan, se ahogan en llanto, en penas, en rencores… Son cuchillos que atraviesan mi pecho, y se clavan tan profundo que solo el silencio se escucha. Cada uno es un eco feroz en mi garganta, como un desglose de hielo que se rompe sin piedad, como un bebé arrancado del único lazo que lo unía a la vida, como respirar agua en lugar de aire…
Te hablo, pero las palabras se ahogan antes de escapar, me derrumbo en llanto, buscando una paz que nunca llega… Como si llorar fuera una condena que no puedo cumplir, como si cada tropiezo fuera una condena que no puedo evitar. Mi alma es como una guitarra desafinada, buscando un tono que no puede encontrar.
(Y odio estar ahí tan arraigada, porque aun no aprendo a soltar)





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