Nostalgia
Estoy en una jaula con pericos que no paran de cantar mentiras como sonrisas temporales, y yo como lobo no puedo comerlos o pierdo mi libertad. Curiosamente sigo en la jaula…
Es fácil traspapelar sentimientos en teclas precisamente elegidas con movimientos acordados por la sensatez del que intenta ser brillante. Lo difícil es monitorear cada palabra en un presente lleno de sombras que tapan la misma acción natural y ciclo del tiempo-espacio. En algún lugar de mi ser, existe una guarida donde guardo mis lágrimas y mis arrepentimientos para transmutarlos cuando más lo necesite. Me siento un alquimista creado por la misma ciudad, por la vida. Transformando muecas sinceras en mentiras piadosas. Qué fácil es ocultar la verdad tras una felicidad venenosa, somos serpientes que tragan su veneno creyéndonos inmunes, ni siquiera tratamos de imitar a nuestra misma sombra y cuando la luz se apaga ni aun así relojeamos las pupilas en busca de nuestro mimo siempre fiel y permanente, lo único que nunca nos abandonara. Me leerán devastado, como una botella en el mar que sin una carta de amor se quedó. La carta se ahogó en el océano del destino. Las frases escritas en ella, que juraban amor ilimitado y dependencia absoluta de su gemela hallada entre todos los astros y cometas, se las trago el agua. Solo soy una simple botella que flota sin rumbo y que pronto su corcho que encierra el poco aire que aún le queda y a flote la mantiene, se autodestruirá por el deseo emanante de hacerle frente al mismo kraken y ganarse el título de leyenda, quizás así reemplace la ausencia de su carta de amor.




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