habitación 44
Tal vez aquellas tardes fueron solo sueños de locos enfermos volando de fiebre entre mariposas multicolores como miles de acuarelas revoloteando por el aire, mojándonos en lluvia tibia de verano entre las fronteras, con gotas reflejadas a través del sol creando confusiones en la realidad, destrozando la monotonía de la rutina de forma celestial, millones de ecosistemas rompiendo en nuestros cuerpos embarrados y transpirados por las colinas indomables que parecían inalcanzables y la fauna abrazadora e imponente que sin aliento nos dejaba.
Pobres tontos exiliados, creíamos que el tiempo no avanzaba y que solo seguiríamos bajando, salpicando charcos, esquivando ramas, atrapando mariposas, perplejos por el silencio, enceguecidos por el fuego de la magia, cambiamos nuestros defectos por miradas tan profundas y sinceras que solo bastaba un beso para aterrizar de nuevo en los cielos anhelados desde camas separadas.
Pobres tontos exiliados, tomados de las manos dispuestos a derretirnos bajo el sol de cuarenta grados, sabiendo que sería la primera y la última vez que nuestras huellas marcarían aquel rincón del mundo en que el amor apareció y se inmortalizo cuando el sol nos quemo con sus rayos para dejar como única testigo a nuestra piel bronceada de pasión por mera devoción de aventuras, asimilando la felicidad en silencio, resumiendo la vida en sonrisas, dejando a la ciudad tan pequeña y aburrida, tan vacía y obsoleta, tan fría y desolada.
Pobres tontos exiliados, malinterpretamos las señales que nos decían que esto no sería para siempre y preferimos tragarnos las mentiras para disfrutar de cada trago de cerveza, de cada pitada, de cada pelea de testarudos cascarrabias, de cada mordida, de todos los Beatles que vimos pasar, de todos los rugidos que eran respondidos con aullidos, de aquellos abrazos en silencio que detenían el universo y me hacían entender que eres el fin de mis propósitos más inmensos.
Pobre tonto que aun se siente exiliado, que aun cree que despertara otra vez a tu lado admirándote mientras dormías dispuesto a desvelarte para una nueva aventura, ahora todo ese desdén es pura amargura, no dejo de soñar con vos encerrados en ese cuarto frío donde el roce de nuestros cuerpos superaba al infierno que existía afuera, ahora despierto por la madrugada desde que te fuiste, desorientado y aturdido aun creo que estarás a mi lado.
Jamás pensé que podría sentirme así por una mujer, jamás pensé que sería tan triste ver el amanecer desde esta perspectiva y que sería tan difícil volver, aun no vuelvo, sigo allí, sigo aquí en la habitación cuarenta y cuatro intentando despertante para ir a desayunar y una nueva aventura comenzar.




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