El guerrero

poema de Edgard

Una larga melena y una chaqueta de cuero con actitud suele ser su uniforme y su destino era la inmortalidad. Lo único que le indicaba la hora era la luna, el sol, y las estrellas. La lluvia y las grandes tormentas eran sus aliadas. Esquivando caos como una lluvia de meteoritos conociendo gente que te desea el mal, él no se deja intimidar, es imponente como el mar, su melena se sacude en señal de rebeldía, aquí él hace las reglas y del mundo su utopía.
El guerrero de la vida disfruta cada latido de su corazón, comprende la vida en cada gota, en cada sol y cada luna. Él vivió, murió y renació. Enfrento a la muerte miles de veces y ya no le teme a nada, él vio cosas de las que todos escapan. Es capaz de enfrentarse a los dioses pero no los subestima, cumple sus metas sin dejar que nadie se interponga, sabe amar sus debilidades y odiar sus cualidades. Él nunca se rinde en su misma eternidad, sabe que solo así la libertad encontrara. El guerrero de la vida todo lo conquisto, él sabe hacer del verso una espada, de su aura un templo, de su pasión su corazón.
Encuentra plenitud en el presente, sabe aprender del ayer y construir su futuro. Suda y se desangra pero nunca abandona, pues la cima es el alivio de sus propósitos. Es como un león que aun cuando duerme no baja la guardia. Es el legado de miles de vidas, la experiencia de varias caídas, la sabiduría de la misma eternidad. Sin nada que entender y comprender, el guerrero de la vida hace de su mundo el edén. Su alma es pura, y sus sentimientos nobles, sin embargo cuando el odio secunde, ni el infierno lo acepta.
Había una vez un guerrero que el mismo cosmos tembló ante él.

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