El caballero del ocaso

poema de Edgard

Tu rostro habrá sido un testigo más del tiempo, tus fuerzas regadas por las eras milenarias quedaron, tu espíritu es el único que jamás se agotara en la interminable espera del Caballero del ocaso. Tu único amor, que presa de su lujuria te tiene, encadenada a su calor, esclavizada por sus secretos de amor eterno, de felicidad extrema. Sola yaces en la copa de una flor tan marchita que ni el demonio más triste y desdichado la aceptaría de consuelo. Tu corazón late por la esencia que dejo aquel Caballero en tus noches frías, tus ojos brillan por la esperanza y la promesa de verlo llegar, tus piernas tiemblan porque tu alma agotada, miserable y vacía se siente sin aquel Caballero que la complementa y la haga sentir una mujer amada, una mujer mortal que inmortal ahora existe.
Una diosa como yo nunca morirá, la espera será eterna puesto que cuando mis ojos se cierran y mis oídos intentan escuchar su alma solo un eco, un susurro del suspiro de un corazón roto se escucha, mis ojos nunca volverán a estar secos, mis labios fríos y vírgenes se volverán. Aquel Caballero que leyenda es y será, solo la historia lo atesorara por la eternidad, pues eternidad ahora es. Mi alma murió con su partida y mi corazón se fue fisurando lentamente con los milenios y las eran que duraron tu espera. Gota a gota mi sangre se agotó con tu desesperante aparecer engañoso. Solo el ocaso me dejaste, ya no siento tu esencia en esta dimensión. Mi fiel caballero, esta cuerda entre mi cuello asfixiara mis penas que en vida me agotaron la existencia, sin aire que inhalar mis ojos se sierran para apagar la agonía de un corazón que solo vos hacías latir, puedo ver como el ocaso se apaga con mi vida y el consuelo es el fin de esta espera.

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