Ángeles del rock
Qué fácil es perder de un momento al otro la batalla por el descontrol y el camino monótono y libre que persigue sin secar tú alma, la dueña de la realidad terrícola, que a su paso lo transmuta en psicodelia barata los fines de semana. Simplificando las palabras para no caer en los prejuicios. Una noche de delirios apareciste y tus ojos fueron lo más real que percibí, no podía afirmar si la luna era real, si la gente no eran fantasmas del descontrol masivo del rock, el mundo me parecía una bocanada de humo. Pero sin dudas la única realidad existente brillaba de color verde cadmio y amarillo miel. Cuando la hipnosis provocada por tus ojos desencandilaron los míos, pude ver esa melena tan sutil e imponente que sin dudas bailaba al ritmo de tu melodía preferida, me di cuenta que la luna también volcaba todo su brillo en ellos para verlos mejor, celos sentí, celos que hace años no me invadían. Un estúpido hipnotizado, un lobo que vio la luna llena una noche de mucho humo y niebla. Cuando te vi entre toda esa multitud por primera vez supe que los rumores de los dioses eran ciertos, existen los ángeles del rock. Una combinación exacta entre la sutileza de una mirada desafiante en el rostro más dulce que la inocencia pudo crear, un crimen perfecto. Un carácter osado y sincero, tan libre y sereno pero a la vez serio y desafiante, estricto y temerario. La noche transcurrió al igual que los días, muy inciertos cuando no te veo, pero muy sincero cuando entre toda esa multitud que pasa desapercibida solo tus ojos logran hipnotizarme involuntariamente.





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