Camino.

poema de D.G. Falls

Camino entre los altos edificios escuchando los motores automotrices
Con el orgulloso pecho rebosando alegría y los dientes blancos expuestos en una sonrisa.
Saludo al sol que me besa la frente y contemplo fascinado la belleza femenina.
Entonces, soy consciente por fin de que no hay prodigio más grande en el mundo que la mente,
Y que la raíz de mi uña constituye un milagro tal, como lo es el ave que surcó el cielo,
y la brisa que oxigena mi diafragma, y la mariposa que inocula la flor para beber de ella.
Es grande el roedor al escapar del gato, y lo es el felino al tumbarse sobre la alfombra.
Porque no quepo en mi alegría cuando mis ojos beben el paisaje y mi dermis siente el suspiro del mundo.
Ay, mi ciudad estridente de rascacielos de concreto que cantas a los pies del lago.
Déjame sentirme único mirando tus desgastadas fachadas,
tus atemporales cimientos, tus atípicos monumentos.
Porque hay cierta belleza en tu bullicioso nicho,
y en tu apelmazado follaje, y tus ninfas.
Tus preciosas ninfas: pretenciosas, ociosas, ansiosas, amorosas, hermosas.
Oh, la mente.
Camino y me embargan estas ideas, estas canciones ególatras de artista.
Como si fuese yo un Walt Whitman Heterosexual; majestuoso, inusual, y más del Sur,
Y no sólo metafóricamente, sino continentalmente.
Ay, las canciones.
Líneas que emite sistemáticamente mi lápiz electrónico, fundamentadas en español,
Evocado de Castillas, tal y como lo es mi apellido paterno.
Oh, los indios.
Oh, idealismo, machismo inocente, feminismo elocuente.
Oh, antagónicos, artísticos, cilíndricos inseparables.
Soy avatar que mueve religiones, puentes.
Pero soy, y hoy mientras camino es lo único importante.

•D.G. Falls•