Natalia...

poema de Argalius

Desde que te vi por vez primera,
en ese instante me enamoré;
sin tan siquiera conocerte,
mi corazón para ti guardé.

Pero eres tan distante,
tan escurridiza como la arena en mis manos;
me inspiras poesía en el alma,
pero todos mis intentos son vanos.

Te has convertido en mi amor platónico,
¡Quién lo imaginaría!;
sabiendo que te quiero,
no prestas atención a mi lenta agonía.

Espíritu libre tienes en tus adentros,
un alma tan virtuosa;
reflejada en tu morena piel hermosa,
que mis manos anhelan acariciar.

Tan dulce,
¡Tan preciosa!;
pero tan sutil a huir,
y estos labios que esbozan tu nombre,
que tanta alegría podría traer a mi:
¡Natalia!

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