El edén maldito
Mudar la piel, significa matar una pequeña parte de lo que uno ha sido. Los días siguen sucediendo en estas paredes, el polvo me ve con otros nombres y otras costumbres.
El llanto me visita por periodos cortos y se marchita como avisando que ya casi se me acaba el periodo de dolor. Las mañanas me hacen acobardar de la vida que llevo y mis escritos son solo pensamientos arrogantes de cronos.
Alteré el concepto de estar bien, de ser estable y de parecer normal. Esto son solo pensamientos de mis meditaciones, de observarme plenamente hasta que el corazón más puro se muestre finalmente.
Los zapatos se van rompiendo con los pasos, la ropa ya destejida del movimiento, las medias protegiendo los pies del funesto espacio y las huellas que dejé en los corazones que algún día mis ojos vieron.
Mi alma se manchó de muchos colores, habitaron frutos y flores, le entró el sol y la lluvía. Un día marchitaron esos árboles, esos amores incompletos, la tempestad hizó de las suyas con las personas que paseaban por esos prados y anidaron animales, entonces anduve sola por las tierras desoladas de mis días.
Caminaba con un único propósito; el de encontrar en ese sendero lo que nunca había podido apreciar de mi, lo que había ignorado por estar avivando el corazón de otros, las sonrisas de otros.
En casa de mi mamá quería escapar a una cueva, pero en el hogar encontraba el bastón donde sostenerme durante la caída del aviador.
Las células me fueron cobrando años, pues yo siempre me sentí envejeciendo, depronto era la filosofía que rondaba en mis neuronas, esas hormonas agotadas de seducción.
La piel se me fue cayendo y los años me cobraban peaje porque si a algo le tenía realmente miedo era al tiempo. Tantas letras dedicadas a los segundos, es lo único que me queda y hay días en que no sé cómo invertirlos. Decido mirar esa foto de la bebé asombrada ante las cámaras de la existencia. Hoy sé que todos venimos para algo en este pequeño universo rodeado de otra vida alrededor, sin embargo esta molecúla conserva lo que otras formas de vida no tienen; el dolor.
Por eso empecé a darle gracias a Dios por permitirme vivir el dolor y no pienso pedirle nada porque no me siento merecedora de sus bendiciones, pues el dolor es la única sálida para hallar los colores de un nuevo edén.




Comentarios & Opiniones
DARY
Que quieres que te diga amiga, luego de esto tuyo, " Mi alma se manchó de muchos colores, habitaron frutos y flores, le entró el sol y la llúvia ", tu orfebre mano, nada deja sin tallar, tu JOYA, así lo demuestra.
Mi cariño
PLATINO