El vacío de los quizás
Quizá algún día,
entre todos los papeles en blanco que he llenado de palabras,
entre todos los momentos sentada delante de esta pantalla,
entre todas las palabras que han brotado de mis dedos sin control,
encuentre la explicación que tanto tiempo llevo buscando.
Quizá algún día,
entre todas las canciones que me derrumban
incluso cuando no son tristes,
entre todas las imágenes que vuelven una y otra vez a mi memoria,
entre todas las metáforas que se me enredan entre las manos y no soy capaz de decir,
hallaré la razón, la respuesta, que cierre la puerta a este desconsuelo.
Quizá cuando deje de mirar por la ventana en lugar de llorar para no llorar,
aunque termine llorando de todas formas,
cuando las emociones dejen de inmovilizarme al menos una vez en cada hora de mis días,
cuando sea capaz de encontrar una perspectiva a este despropósito,
quizá entonces podré entender por qué me enamoré de ti.
No hay razón, no hay excusa.
Y, sin embargo, con toda la vulnerabilidad que tiembla en mis manos mientras escribo,
veo que lo único que hay es verdad.
Tanta verdad que me desborda y me anestesia.
Y quiero dejar de escribir poemas de desamor. Quiero escribir de mí y sobre mí.
Quiero arrancarte de mi alma como las lluvias de otoño arrancan las últimas hojas que se aferran a las ramas.
Con la misma suavidad y la misma firmeza que otorga la resolución.
Pero no puedo. Y ni sé siquiera si podré algún día.
Si algún día la fortaleza de mis días dejará de terminar, cada noche, en este llanto silencioso que te lloro mientras me apago.
Si algún día seré capaz de escribir todas las palabras, de escribirte algo tan bello que me impida decir absolutamente nada más. Para dejar de nombrarte. Para dejar de pensarte. Para dejar de preguntarme. ¿Por qué? ¿Por qué la sombra de tu imposibilidad me persigue a cada paso que doy?
¿Por qué la realidad de mi presencia no puede dejarla atrás?
¿Por qué estás en todos y cada uno de los segundos en los que vivo?


