G.R.A.C.I.A.S.
Gracias
por no llamarme,
por no escribirme y
ni siquiera buscarme.
No te preocupes
que el recuerdo de tu nombre
“no” está en mi mente
cada vez que trato
de pensar en cualquier cosa.
A pesar que lo intento,
y de verdad que lo hago,
siempre se viene a mi memoria
tu imagen.
Tu silueta silenciosa
que opaca cada segundo en mi cabeza,
que vuelve lento el mundo,
como el vacío en el universo,
como el inerte pensamiento
de una idea con vagancia,
de una herida siempre expuesta,
del hastío
de verme rememorar flemático
la ausencia de tu cuerpo y
la presencia de tu alma en mi juicio y razón.
Yo
siempre calmado,
siempre solemne,
siempre razonando mis palabras
y siempre solo.
Envuelto en mí mismo,
ensimismado en mis ganas de sentirte a mi lado y
ahogado entre los segundos más profundos y sinceros
dentro de tu piel.
Lloro, y no lo hacía hace tiempo,
para poder abandonar estos deseos,
rezo porque todo te vaya excelente,
y sé que así te irá porque no estaré junto a ti.
Adoro al más impío de los dioses
y suplico la misericordia
del más sátiro de los mortales:
Yo,
para que me deje libre de tu aroma,
de tus besos,
y sobre todo de tu presencia,
que me asesinan tranquilamente desde la última vez que te vi.
¡Únete a mis suplicas, por favor!
¡Te lo suplico!
Quiero equivocarme
una vez más
aunque eso signifique
el exilio.
Las ganas de morder tus labios
y atar tu torso junto al mío,
ser displicente con el sentimiento más altruista y perfecto
eso que sientes por un ser que es inmejorable para ti.
Aunque me cueste aceptarlo, y con dolor lo escribo,
soy el oprobio que mancha tu historia,
y también soy pasado
y también soy olvido.
Miseria la mía,
al elegir entrelazar mi vida junto con la tuya,
no por pecar de ingenuo ni profano
sino por pensar que solo era un juego vano.
Me equivoque.
Ostento la gran tenacidad
de controlar cada sentimiento que emana de mi cuerpo,
y me creí la mayor estupidez:
mis propias mentiras.
Rio tanto cada vez que me acuerdo y
digo mis tonterías: de que cada quien elige su camino.
No porque sea mentira, sino porque mi verdad
me irrita tanto que quisiera no pensar
y que no me importe volverme a equivocar.
Rio tanto, que las lágrimas brotan solas
como si te estuviera volviendo a mencionar,
como si otra vez tratara de autoimponerme la máscara del "no me importa"
y empezar de nuevo con la retórica lógica
de un hombre sosegado e impasible.
...
No necesito más de ti,
así lo he decidido,
por tu bien y por el mío
es mejor estar como estamos,
sin hablarnos
o hablándonos y yo fingiendo que no pasa nada.
Por favor, permíteme pasar un tiempo a solas,
odiándote a gritos
y queriéndote en secreto,
muriendo cada vez que el olor del perfume de alguien conmemora tu nombre,
aunque sea solo una ilusión de mis sentidos
y un pretexto para volver a invocarte.




Comentarios & Opiniones
Bellos versos, grata lectura. Saludos.
Bellas letras poeta Carlo Olivera. Mis saludos.