Camino por las calles, árboles impávidos,
revueltos jardines, luz que, apaciguada,
empapa impenetrables hogares, sueños
que no se cumplen, y si lo hicieren,
dejarían de serlo, aromas a primavera
que ensalzan amor nunca correspondido,
aquel niño que juega con nada, que brotó
de unos padres que un día se quisieron
y ahora claman su dolor por lo perdido,
canciones, lugares, poemas de olvido;
escucho la voz de quien en un tiempo
fue, y ya no será, se ha ido.

Yerro es creer que vivimos en un ahora,
que las cosas logradas son y serán,
pero las cosas pasan, dejan huellas
imperceptibles que se borran pronto,
deambulamos en pos de verdades
que nunca alcanzaremos, el tiempo
hará que olviden nuestro proceder,
quedarán impunes todas las culpas,
enclaustrados todos los desvelos,
jamás discerniremos si alguien nos amó
o fuimos nosotros los que, por deseo,
conjeturamos que era amor cierto.

Sólo perdurarán calles y árboles,
jardines, hogares impenetrables
a pesar de la luz, de los sueños,
del niño que juega con nada,
de los afectos inacabados,
seremos prueba irrefutable
de que todo pasa.