Deambulo por esplendorosas sendas,
melódica luz que guía mis pasos,
dulce hálito de elegantes violetas,
sueño que ensueño versos acallados.

Bóveda multicolor que saluda
el errar mundano, gozosas
las estrellas, alumbra
las historias más bellas.

Esplendorosas sendas, fantásticos lugares,
en arrebol ánimas que surcan esmeradas,
hacendosas, el éter en cinéticos contrastes,
inextinguible frenesí de ternezas aladas.

Arrastrado por el éxtasis, sobrevuelo el algoritmo
de las ideas, ríos caudalosos, enormes lagos,
insondables mares, axiomas infundados
siempre en acogimiento por el estólido rigorismo.

Bóveda multicolor que saluda
el errar mundano, gozosas
las estrellas, alumbra
las historias más bellas.

Retorné, fatigado, a las sendas acostumbradas,
temblorosas sendas que ahuyentan pasos,
percibí nuevamente los poderosos cánticos
de quienes tienen inmisericorde manchadas
las manos de sangre, febriles, desasosegados,
de carne ahítos, petulantes vestiduras rasgadas.

Inmerso en el delirio no me percaté que imaginadas
eran las esplendorosas sendas, mi ánima enjaulada
en un cuerpo demolido por perseverantes canallas,
jamás seréis bienaventurados, naufragaréis en la nada,
os acompañará el dolor de mi dolor, aunque finjáis dicha
el transcurso os acarreará lobreguez y un hirsuto mañana,
vetaréis mi presencia trémulos de vuestros débito y falsía.