ELLOS SABRÁN

Tras luchas intestinas entre quienes
deberían quererse y no lo hacen,
acaban odiándose sin reparo, ¿sugieres
que sea yo, precisamente, el que los remanse?

Ni lo sueñes, utilizaron cuantas armas
tenían a su alcance para destruirme,
porque no contaban conmigo. ¿Pensabas
acaso que, solitario, optaría por rendirme?

No me conocéis en verdad, me enfrentaría al mismo diablo,
y vosotros no sois más que indigentes subatómicas partículas
de una grotesca maldad de salón que sobrevive en un establo,
insuficiente para hacer lo que hay que hacer para ser temidas.

Mi ausencia será vuestro pesar, me llamaréis y no estaré,
en vuestras peores pesadillas os arrepentiréis del día
en el que me convertí en vuestra peor fuerza enemiga,
camuflando esa incomodidad que os provoca el traspié.

No contabais conmigo, nadie contó conmigo,
los que me abandonasteis creíais que hundiría mis naves,
que naufragaría en un mar enlodado, cautivo
de amores embusteros, codiciosos, fingidos pusilánimes.

Hasta mi final, seré vuestro verbo;
más adelante, cuando me marche,
seré, en vuestra conciencia, hierro,
faltos de redaños para mitigar el bache.

Sois, todos vosotros, no más que escoria,
simplones amanuenses al dictado
de quien osáis mantener apartado,
que mudó vuestras “stories” en Historia.