El llanto que ni nosotros oimos
A veces...
nos ponemos la sonrisa como un vestido prestado,
como un barniz sobre el abismo,
como un "estoy bien" que no engaña ni al alma…
pero que intentamos creer,
como se cree en los espejos rotos
cuando no queda otro reflejo.
Y caminamos entre multitudes
con las costillas haciendo eco de un vacío existencial,
con el pecho en modo supervivencia,
con la mente como un campo de guerra
donde el juez interno dicta sentencia
y la niña que fuimos llora en un rincón…
desnuda, olvidada, sin lenguaje.
Nos volvemos expertas en simular la paz,
en convertir la desesperanza en cortesía,
en sonreír no por felicidad,
sino por miedo a rompernos
en mil fragmentos emocionales
que nadie sabría recoger.
Pero llega un instante ...
sagrado, invisible, irrepetible
en que el alma exhala cansada
su última lágrima muda
y Dios…
oh sí!,Dios escucha ese llanto clandestino,
ese grito silenciado por años de represión afectiva,
ese temblor que ni siquiera nosotros supimos nombrar.
Él desciende sin ruido,
con la ternura de quien conoce el trauma,
con la mirada de quien no juzga ni interroga.
Y entonces algo cruje por dentro:
no es dolor… es apertura.
Es la grieta por donde entra la luz
después de tanta contención emocional.
Él no nos exige palabras,
porque entiende el idioma de los ojos vacíos,
el de los cuerpos que duelen sin motivo clínico,
el de las sonrisas que solo fingen estar bien.
Y ahí, en ese punto exacto
donde la fe se agota pero el alma no muere,
ocurre el milagro más silencioso:
Él nos recuerda que no estamos solas.
Porque Dios no sólo escucha oraciones,
Él escucha el llanto que ni nosotros oímos,
el colapso que disfrazamos de fortaleza,
el desborde emocional que llamamos
“yo puedo sola”.
Y entonces, recién entonces,
la sonrisa ya no es máscara,
sino testimonio.
Ya no cubre la herida,
la honra.
Ya no es defensa,
Es renacimiento




Comentarios & Opiniones
Bonita y esperanzada obra.
Y sí, a pesar de lo supuesto, inclusive sobre toda creencia, Dios está.
Reciba cordial saludo y hasta nueva publicación.
Nos sucede a casi todos, los que amamos de verdad y sentimos de verdad, sufrimos perdida, soledad,vacio y si aveces se siente la fragmentación. y la fe nos ayuda a pegarnos a soldar nuestros pedazos, recuerde somos dueño de nuestros sentimientos.
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