Abuelita
Abuelita
En la plaza del mercado
ya no se vende la yautía de Don Bernardo,
ni el café que se produce en el campo.
Tampoco se vende alcanfor,
ni mantecados de tamarindo.
La plazoleta está desierta,
de espíritu pardo y sombrío.
La mesa del dominó
yace moribunda en una esquina,
umbral del olvido.
Son las distantes memorias
-aquellos años de infancia-
mientras paseaba por la plaza
agarrado de la mano de mi abuela.
La radio en la emisora AM
con incesantes discusiones
sobre política y béisbol,
o tal vez un romántico bolero
del gran Sonero Mayor.
¿Le pido unos pesos prestados, o tal vez no?
Me recuerda-con otra letanía-
porque no debo malgastar todo el dinero.
Con gran ímpetu -y renegada obstinación-
salgo a toda prisa
a comprar otras tarjetas para mi colección.
Retorno con una sonrisa en los labios
y mis tarjetas de básquetbol.
Mi abuela me espera sentada
en la cafetería de Don Tomás,
situada en el corazón de la plaza del mercado.
Me pregunta si tengo hambre,
-respondo con fervor- que sí.
Mi abuelita me responde:
"¿Con tus tarjetas de básquetbol
se podrá almorzar aquí?"
©Martin D Angelus
26 de julio de 2019



