Trufas

poema de Dikia

Trufas

Lo incognoscible grita
en una frecuencia
que el oído humano no puede oír.
No por ausencia de voz,
sino por límite de cuerpo.
Como la trufa
enterrada a centímetros del paso,
oscura, intacta,
respirando mundo
sin necesitar ser encontrada.
El perro la sabe
sin nombrarla.
El hombre la busca
cuando ya la ha perdido.
La máquina ni siquiera imagina
lo que no puede percibir.
Y aun así,
la trufa existe.
Cada forma de vida
habita su umbral.
Cada conciencia
su radio de alcance.
No estamos obligados a más
que a vivir dentro de lo posible
sin profanar lo que nos excede.
Somos animales,
hechos para sobrevivir matando,
y aun así —paradoja fértil—
capaces de cuidar
para que exista el mañana.
Ahí no hay culpa.
Hay ciclo.
Ventanas que se abren y se cierran,
puentes que no prometen destino,
solo tránsito.
La fuerza no está en comprenderlo todo,
sino en no destruir
lo que no entendemos.
La esperanza no está en salvar el mundo,
sino en no romper
el pulso que lo sostiene.
Por eso la máxima no es saber,
ni dominar,
ni oír lo que no fue hecho para nosotros.
La máxima es
Confiar.
Y seguir caminando.

Dikia©
20/01)2026