Marcas de agua

poema de Dikia

Nace sin cuna,
no mama leche,
de mano en mano la sostienen.
La alegría le baila en el alma
al compás errante de las nubes.

Cae.
La caída redobla el tambor
de su cerebro,
saliéndosele por la frente.
La oscuridad la envuelve,
pero entre sombras y temores
descubre ángeles y arcángeles.

Soledad y cielo le marcan el sendero.
Con pies descalzos cubre la tierra ardiente.
El desierto abrasa su frente,
pero el sol le da tregua
para hallar las huellas de su alma,
y las de aquel que caminará junto a ella.

Cruzarán ríos de mil colores,
con la esperanza de alcanzar
el océano infinito,
donde el cielo y el mar
se funden en un beso eterno,
un encuentro sideral.

Miedos, túneles, sombras
que muerden como vampiros.
Solo la fe en la luz,
la determinación,
el coraje,
la resiliencia
sostienen la certeza
de un Dios que espera
y no abandona a nadie.

Con ruego y esperanza avanzan,
por la cuerda floja,
cruzan,
se entregan,
sin saber si llegará ese abrazo de los tres,
pero saben que ninguna victoria es solitaria,
y menos sin Dios
como testigo y mandato.

En esa confianza
entrego mi espíritu,
encerrado en este cuerpo sangrante,
respetado,
admirado.

Dikia ©
22/02/25