Amor sideral

Amor sideral
Los amantes se reconocen
por encima del tiempo, las edades,
los acontecimientos.
Está escrito en sus ojos
el pasado y el porvenir.
Amor sideral,
sin edad,
eterno.
El constante retorno
remedia la imposición
de las agujas del reloj.
El ayer se hace hoy
como el mañana, ayer.
La gran historia de amor
te hace regresar del firmamento,
a pesar de que llueva,
truene,
espante.
Dulce melodía suena en tu corazón,
y no abandonar la llamada
se hace urgente
y lo primero.
La muerte volverá
a querer disipar su fuerza,
pero de las cenizas
volverá a brotar el fuego,
ese que brilla por encima de las montañas,
como queriendo atravesar el cielo.
Es un fuego sin nombre,
memoria viva de lo eterno,
que habita en la sangre,
en la piel,
en el soplo compartido de dos almas.
Y aunque mil vidas separen los cuerpos,
el alma recuerda
la vibración exacta
que despierta al universo.
Pero el amor no vive solo en los astros,
se encarna.
Más que huesos,
más que cuerpos,
el deseo acude a juntar
lo que estaba disperso.
Piel con piel,
mirada que arde,
voz que tiembla entre susurros,
las manos tiemblan no de miedo,
sino de reconocimiento.
Atraviesa ondas y partículas,
rompe la lógica del tiempo
y la distancia,
como si el cuerpo supiera
lo que el alma calló.
Allí donde el misterio acaricia,
o sacude como el viento,
el temblor no es debilidad
sino certeza:
algo eterno
ha venido a tocar
el presente con sus labios.
Y ya no se puede huir.
Porque se hace carne,
célula,
partícula,
no para adornar la memoria,
sino para existir
aquí,
en lo nuestro.
Quiere ser tacto,
abrigo,
aliento entre las costillas.
Quiere dar calor
a lo que aún late,
incluso cuando el mundo
parece frío.
No es solo pasión,
es una presencia
que pulsa en lo cotidiano,
que se cuela en una taza compartida,
en un silencio sin miedo,
en la forma en que tus dedos
recorren sin buscar,
pero encuentran.
Y es por eso,
solo por eso,
que vivir merece la pena
17/05/2025
©Dikia



Comentarios & Opiniones
Dikia, qué magnífico poema. Amor que trasciende el tiempo, que vibra en el universo y se encarna en la piel. Una presencia que arde sin consumirse, que guía sin ataduras. Profundo y hermoso. Un abrazo cordial.
Muy bueno. Saludos