Una cárcel para mis flores
...
Delicia simpática, anchos ruidos de la vida
inconsciente el hueso.
Tu corazón nadando en las raíces
buzo imperfecto de astros nada callados.
Tanta soledad acariciando a la especie.
Hasta quizá una tiza se mete en la palabra
yo llevo gestos de profundidades
y ya llevan cayéndose árboles en mí desde mis ocho años.
Se pusieron en marcha
las personas para lanzarme escopetas amarillas
mi lengua vegetal
no fulguraba desde entonces
me sigo sosteniendo de la quinta esquina del aire
no hay detención posible
ni jaula para mi demonio de arcos sostenibles
no hay una cárcel para mis flores.
Soy yo, sentado, adolorido
aunque con mi poesía de pie, medicinal.
Ya viene el mar a estrellarse con su olor en las ciudades.
Sigues cayendo, ahí, ahí en mi mirada
tú que sigues viviendo
pronto estarás muriendo en mi alma
hasta el día en que yo también muera.



