Pureza

poema de Alastor

Cuando era niño y viajaba con mi familia
Hacia tierras vírgenes de esperanza
Atravesando laderas, subiendo montañas
Por la maravillosa sierra del segura,
Mi voz nítida de niño, mecida
Por el aroma de los pinos, los chopos,
Los helechos y demás criaturas celestiales
Se sentía juguetona ante la vasta sencillez
Y proponía juegos de sabiduría infantil.
Recuerdo abrir la ventana del coche
Sentir el suave viento, olvidar el ruido del motor
E intentar aguantar el máximo tiempo posible
Siendo consciente de mi respiración.
Añoro pasear en busca del sonido del agua,
Allá existen más arroyos que personas
No obstante, a pesar de las consecuencias,
Tanto antes como ahora pienso que es una pena.
Miraba el valle con deleite, agudizando mi vista
Hasta mi tímido límite, y volaba junto a las águilas.
Los embalses ocultaban viejos poblados en sus verdes aguas
Habitados ahora por pececillos y bichos
A los que jamás busqué un nombre,
Pues allí es demasiado fácil enamorarse.
Me sumergía sin mirar a mi alrededor
Y pisaba la tierra mojada, libre y arrebatadora.
Cuando emergía y mis ojos estaban
Suficientemente limpios entonces
Sentía mi cuerpo flotar rodeado de una naturaleza
Que jamás merecieron mis desgastados sentidos de urbe.
Allí es demasiado fácil enamorarse,
Viendo como los árboles se matan por amor,
Por querer vivir demasiado pegados
Los unos a los otros, indolentes pero tiernos.
Allí conocí a una persona. Mi primer amor.
Yo tendría apenas trece o catorce años.
Sus ojos parecían demasiado acostumbrados a la belleza
Así que me costó horrores acercarme a su bendita aura.
Y posiblemente aquel haya sido el momento de mi vida.
El instante a destiempo que me prometió lo que soy,
Pues me siento un idiota afortunado
Desde que me besó aquella ninfa solitaria
Que vagaba a caballo por caminos y cañadas
Bien escoltada, como guardiana de la devastadora sierra.
Aquellas casas de piedra nos miraban con ternura
Como ancianas fumadoras de pipa
Que descansan tranquilas al ver que todo
Sigue su curso natural, y el fuego no es provocado.
El día que la conocí dormimos cerca el uno del otro
En un viejo monasterio reconvertido en albergue
Pues un incendio nos atemorizó una estrellada noche de verano.
Al día siguiente el fuego aún seguía vivo dentro de nosotros. Yo lo sé:
Nosotros dos lo apagamos, sacrificamos algo que habitaba
Muy dentro de nosotros, lo hicimos por aquella belleza.
Desde hace algún tiempo habita en mí un irresistible deseo
De regresar a la tierra que me bautizó.
Allí donde comprendí la vida, y olvidé el odio,
El rencor, el miedo… Regresar al paraíso, mi paraíso.
Lloro por ella. Hace años que no la veo,
Pero creo que jamás nos despedimos,
Creo que ambos conocemos el futuro del otro.
Ambos sabemos que afortunados como nosotros
No pasan desapercibidos en la urbe,
Y que algún otro brazo del amor nos acaricia,
Pero a pesar de las lisonjas no se olvidan las cicatrices.
Quiero abrir de nuevo las cicatrices, y seguir muriendo,
Como entonces quiero abrigarme en mi sinceridad.
Quiero rastrear al jabalí, y encontrarme con el lobo
En lo alto del puntal, sentir la verdadera inferioridad,
Sentirme aceptado como el hombre que soy.
Quiero volver a pensar que el universo conspira a mi favor,
Quiero volver a pensar...
Muchos no lo creerán pero lo dejaría todo,
Nada me importa más que reencontrarme con el cauce
De mi Segura madre, y prometerle con mi rostro
En sus finísimas aguas, prometerle mis cosillas, allá en las Gorgollitas…
Volver a subir a su vientre y lanzarme hasta ella,
Lavando desnuda sus blusas y sus sábanas,
Desnuda, toda para el Sol, toda para el Sol…
Tengo que buscarla, día y noche por la sierra,
Descenderé ladera abajo, hasta el valle de Los Anchos,
Treparé por la centenaria corteza de mi olmo, macizo,
Como la piedra que nos hirió mortalmente a ambos,
Y volveré a entablar amistad con el águila.
Recordarán mis piernas como caminar,
Y mis manos a estar libres para ella,
Correré como un cervatillo asustado entre la berrea y la luna llena,
Cañada arriba, y en nuestra fuente de eterna vejez
Encenderé con humildad una hoguera
Con el trocito de fuego que aún guardo dentro de mí.

Comentarios & Opiniones

Yan

Saludos mi querido Alastar, magicos versos. Felicitaciones. Besos. Un placer leerte.

Critica: 
Joelfortunato

Bellas imágenes hay en sus gratos versos. Un gusto leerlo. Saludos y amistad le envío.

Critica: