Se fue el dulce adiós sin despedida,
sin ninguna explicación ni promesa en su partida
dejando a la esperanza con la mano extendida,
como barco en alta mar y a la deriva.
El dulce adiós le puso fin al camino lleno de espinas,
dejando a la inquietud en la penumbra
de la negra y silenciosa noche como su hada madrina.
Nadie llegará a tocar la puerta de la esperanza,
que no tendrá más sobresaltos en su solitaria vida
ya nada será extraño para ella ni la fugaz sombra
del fantasma que marcó su ayer.