Mensaje de advertencia

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Rabia

poema de Dikia

Oración a la Rabia
Rabia,
yo te miraba como fuego maldito,
como grito de bestia que debía encadenar.
Pero ahora sé
que naciste en mí cuando no supe cuidar
la luz temblorosa que llevaba por dentro.

Solo querías proteger lo más sagrado de mí,
pero no sabías aún amarme.
Porque otras sombras —el miedo, la culpa,
la exigencia, el abandono—
estaban al acecho,
y me volvía loca intentando sobrevivir
en vez de abrazarme con ternura,
quedarme en silencio,
y amarme con pasión,
como quien sostiene a una niña
que aún no sabe que es amor.

Hoy te honro, Rabia,
porque me enseñaste
que defenderme no era destruir,
que poner límites no era herir,
que decir “basta”
era también una forma de amar.

Y cuando regreses —porque regresarás—
ya no gritarás desde el vacío,
sino que te acunaré en mi pecho,
te escucharé sin miedo,
y hablaré con mi alma viva,
no para herir,
sino para mostrarme entera.

Callaré un instante
para abrazarme primero,
para recordar que valgo
aunque el otro no sepa amarme.

Porque ahora comprendo
que su sombra no es mi culpa,
y mi amor propio
no depende de su luz.

Descansa ahora,
guardián de mis fuegos antiguos.
No te rechazo,
te abrazo con toda mi alma.

Y desde tu llama
nace mi voz verdadera,
esa que ya no grita,
sino canta.

29/05/2025
©Dikia