Latidos De Esperanza.
He visto en ti el pulso sereno de los años,
la huella silenciosa del deber cumplido,
el sacrificio oculto tras una sonrisa
que nunca negó consuelo.
Eres la voz que calma,
la mirada que escucha sin prisa,
el refugio donde la fragilidad humana
se transforma en esperanza.
Tu vocación no es oficio,
es un río que desborda entrega,
es un don que se siembra en silencio
y florece en la memoria de quienes tocas.
Admiro la paciencia de tus manos,
la fortaleza de tu espíritu,
el arte de sanar más allá del cuerpo,
curando con gestos, con palabras,
con la fe de quien ve al ser humano primero.
Lo he visto atravesar todas las estaciones:
a veces cansado, otras sumido en pensamientos,
pero siempre firme, con la vocación de médico
superando cualquier diagnóstico propio o ajeno.
Te nombro herencia,
porque tu sabiduría no se marchita:
queda escrita en el corazón
de quienes aprendimos
que el respeto se gana con actos,
y la grandeza se mide en humanidad.
Eres maestro sin pretenderlo,
guía en medio del ruido,
un faro que me recuerda
que aún existen hombres
que honran su vocación
como un juramento eterno.
En tus gestos habita la enseñanza,
en tu ejemplo late la esperanza,
y en tu caminar queda un legado
que no se mide en títulos
ni reconocimientos,
sino en las huellas invisibles
que deja en cada vida que toca.


