Aprender

Cómo ruje el aire buscador
en todas las rendijas indagando.
¿Es que acaso a ti no te llega?

¿No está haciendo el bien mayor
con esa clara insidia probando,
las debilidades de cada grieta?

¡Ah! Cómo se oye su quejumbrosa voz.
Esa rasposa voz arañando
que en cada hueco se lamenta.

Se palpa que hace falta valor
para con esa desnuda mano
las responsabilidades cogerlas.

Nunca permitirse ningún sopor
y con el filo del deber exacto
a los días rasgarles la pereza.

El saber brillando con todo su fulgor.
Pero ¿cómo enseñar a las manos?,
¿cómo hacer que los dedos aprendan?

Como el águila que consiguió su control
acariciando con suavidad de plumas
las corrientes del aire que la elevan.

Así debemos nosotros aprender y practicar
hasta que las manos solas se lo sepan
y agarren con la debida fuerza o suavidad.