Verdadera Libertad

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Verdadera Libertad

En el cénit, instante púrpura, fuera del efímero recinto, rapsodia que, entonada en fuga, in crescendo se alimenta del calidoscopio universo al que se adentra, va el alma de regreso. En las almenas se resiste el condenado; al extender sus cadenas abre el portón de su celda; aun así, quieto se queda, erguido de impotencia como el ciprés que se eleva. Poco a poco la materia se condensa; le sigue un vapor violeta y los sonidos del alba hacen coro al ruiseñor que despierta. Los ríos, las montañas, las inmensas praderas, los tumultos de hierro y piedra, las hordas (inquinas de niebla) y todas las armas que blandiera arden en la pira de carbón, restos del siniestro navío ahora naufragado en su quimera. ¡Ah! Qué paz es esta que no precisa de los jueces ni de las normas viejas ¡Ah! Qué paz es esta, sábana extendida cálida y tierna, abrazo de Dios (libertad verdadera).

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