Re-conocimiento
A mi “pobre” entender, los seres humanos parecemos estar condenados a una inercia (pulsión) que nos impulsa a ser reconocidos constantemente, como si eso fuera la verdadera existencia: “lograr ver, lograr que te vean”.
Pero es metafísica(mente)probado que existen dos naturalezas: una física y la otra etérea. En la primera, para alcanzar a ser reconocido y reconocer a los demás es preciso elaborar una vida entera, desarrollar los atributos mentales que proporcionan facultades exploratorias para lograr secularizar, dirimir, sorprender y sorprenderse, conocer para después re-conocer, en fin: “ad-mirar” ser “ad-mirado” (adición, intensificación)
Para ser reconocido en la segunda, en el alma, en “la verdad” (luz), en la conciencia, es preciso que “al-mirar” no se adhiera la energía a la materia, hacer membrana en la barrera mental, calentar el aire haciendo que arda la madera (la propia madera).
En ocasiones alguien logra alcanzar esa cota de profundidad, que, en mi caso al menos, satisface esa pulsión natural, esa innata debilidad, y creo lograr sentir “ver” y que en verdad “me vean”.
Agradezco a Dios que a lo largo del fluir por el cauce me acerque a esas personas que son capaces de lograrlo, ya que siento existir más allá de ser un árbol, una persona, una farola, un pájaro…
Los verdaderos cauces son de Luz, es tal la velocidad a la que en ellos se transita que sólo pueden lograrlo aquellas partículas que logran desprenderse de los márgenes. La velocidad a la que se produce la vida mental es tan lenta como el viento respecto de la ingravidez.
Mientras el viento cree alcanzarlo todo, al llegar al cénit, muere, regresa irremediablemente. Para lograr salir debe arder, desaparecer, en fin, dejar de (ser) “viento” para solo “Ser”.
A Dios Gracias, a Vos Gracias.
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