Un dorondón, una luciérnaga y una osamenta.

No sé por qué te quiero si no te puedo querer,
no sé por qué te extraño si no te puedo tocar,
con mis manos besando tus ojos.
No sé por qué cuando no estás, estás presente,
y cuando estás mi corazón se hace mudo de repente.
No sé por qué te quiero si no me has visto,
si tienes ajuares y compromisos,
si sólo hablamos una hora en medio de un siglo.
No sé por qué te quiero sin conocerte,
sin haberte escuchado latir de cerca,
sin ver tus labios en la puerta
de mi corazón escondido.
No sé por qué te quiero si no te puedo querer,
Por qué el cielo es tan pequeño que cabe,
en un infierno de recuerdos del Edén.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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