Still water "can a knife cut throught your still water"

poema de Quiplato

Cuando tu Ganges interno
se vuelva turbulento,
escucha al azulejo
exprimiendo su pecho;
su música te llevará
a través del tiempo,
y te traerá
bellos recuerdos.

Vamos amigo;
el azulejo nos llama,
súbete a las ondas de su música
y viaja conmigo.
......
Ahí estás tú, mira:
recostado a la orilla de un lago,
con un libro de astrofísica en la mano.
La noche es inmensa...
¿No lo crees?
¿Habías visto tantas estrellas
alguna vez?
Hace frío, eso sí,
pero a ti no te importa.
Qué te puede importar cuando
el aire está impregnado de pino,
cuando una leña calienta tu espíritu,
y cuando el rumor de la fauna
te abriga con sus verdes sonidos...
Tu mirada se pierde en el infinito,
en ese cielo que siempre es el mismo,
pero a la vez no,
porque tú ya no eres el mismo.
Estás maravillado,
acabas de leer
que ver el cielo estrellado,
es ver el pasado.
En el parlante se oye:
"Can a knife cut through your still water".
Comes comida enlatada,
pero no la cambiarías por nada,
ni por el especial del mejor restaurante.
Aprendes que no sólo de pan
vive el hombre.
Estás feliz, estás sereno;
hasta parece que una lágrima
quisiera asomar en tus ojos.
No tienes oro, estás solo,
pero has encontrado el mayor tesoro,
te has encontrado a ti.

Ven amigo;
el azulejo aún sigue cantando,
no conoce de partituras,
pero canta bastante bien... ¿No?
Vamos, prosigamos el viaje.
......
Mira: estás montado a un caballo,
llevas un taco en la mano,
manejas la bocha con destreza,
tienes el arco entre ceja y ceja,
eludes a los rivales,
pareces un cometa,
golpeas...
¡¡¡Goool!!! ¡¡¡Goool!!!
Una mágica euforia te envuelve,
una imposible sonrisa se te dibuja,
giras el caballo...,
y ahí están tus hermanos,
y ahí está tu viejo...
Cabalgas hacia ellos,
se abrazan fraternales,
se vuelven una sóla cosa,
sienten esa unión verdadera
de la cual habla el poeta.
Y como si fuera poco,
ves a tu madre y a tu hermana,
que con fervor en la tribuna alientan.
Hermoso amigo... ¿No?

Pero vamos;
aún el azulejo sigue trinando,
aún queda algo por ver.
.....
Paredes blancas,
atmósfera estéril,
miedo profundo.
"¿Qué hice? ¿Qué hice?"
Una angustia te invade,
ruegas al río que invierta sus aguas,
no quieres saber nada.
"¿Qué hice? ¿Qué hice?"
Negro huracán...
Absurdo leviatán...
"¿Qué hice? ¿Qué hice?"
El latido se acelera,
tus pasos intranquilos
describen ansiosos círculos.
"¿Qué hice? ¿Qué hice?"
Pero aguarda...
Se oye un llanto,
de pronto te calmas,
detienes tus pasos...
Te lo entregan,
lo tomas en tus brazos,
te ves en sus ojos,
sientes su respiración,
el latir de su corazón,
ya no llora,
un halo de luz lo envuelve,
sus manitos te conmueven,
ya no te arrepientes...
Le dices al río: "sigue, sigue".
Te dices a ti mismo:
"Adios huracán,
adios leviatán".

Cuando tu Ganges interno
se vuelva turbulento,
escucha al azulejo
exprimiendo su pecho;
su música te llevará
a través del tiempo,
y te traerá
bellos recuerdos.