Otoño

poema de Luis Enciso

¿Ves cómo allá a lo lejos
Los vitrales se alinean firmes
Formando una silueta uniforme?
¡Esas cosas se parecen a ti!

Tú y yo sabemos que no podrías
Resistir su hermoso encanto.
Esas láminas de delicados bordes
Se hacen tan lejanos a mí.

Su cabellera ondulada,
Brillante como una esfera dorada,
Está resistiendo este silencio
Que contigo solo puede morir.

Siento al invierno llover en mi alma
Lo sé, porque Dios está contigo.
Y este ser con el que vivo y muero
Solo quiere despertar de nuevo;

Y vivir un día donde conmigo estés,
Donde mi voz pueda alcanzarte
Y así pueda existir un atardecer
Tranquilo y muy lejos de extrañarte.

Pero soy aquel que llora tu muerte;
El ave que halló soledad en su nido.
¿Dónde podré encontrar tu mirada?
Tu padre está triste y no dice nada.

¡La tarde se esconde en sus lágrimas!
Mi madre me abraza tan fuerte...
Me siento niño, sabes, siento que voy
A fallar y que va a dolerme la caída.

Con estos brazos que reciben
Los abrazos de los que nos rodeaban,
Quiero dibujar tus manos delicadas
Y no puedo, es imposible desde aquí.

Tu cuerpo yace aislado, no respira;
Permanece enjuto, débil y helado.
Aún puedo hallar un beso guardado
Que hace temblar la tierra ahora.

Y no quiero que esto termine así.
¿A dónde iré cuando quiera verte?
¿Podrán contentarse mis anhelos
Solo con ver tu semblante inmóvil?

¿Podrán las imágenes que encierro
En la habitación, que vienen de ti,
Engañar mis sentidos al anochecer
Y darme un poco de tu calor, al menos?

Nuestros hijos, que no tendremos,
Apenas se dejan ver bajo la luna.
¡El brillo en sus ojos reflejan los míos!
Y tú estás con ellos y te vas con ellos.

Te irás, ya debes irte; es la hora
En que parten de mí los días
Que venían contigo y que no llegaron.
¡Hoy, ya no importan las palabras

Si apenas puedo mirarte una vez más!
Ya mis párpados se van cerrando,
Y es tu recuerdo y son tus padres
Los que te lloran esta noche de abril.