Historia de dos mortales

Tus palabras saltaron a mis ojos.
Se colaron por la ventana y me dijeron: "Hola".
Tus ojos se asomaron por la puerta,
y debajo de mis palabras se ocultó tu sonrisa.

Mis noches anhelaron tu cielo;
mis zapatos, caminar junto a tus botas;
y mis dedos, enredarse junto a los tuyos.

Mi nostalgia se quitó su vestimenta de soledad,
y mi soledad te quitó a ti tus vestiduras.

Mis besos saltaron a tu boca.
Me miraste, me abrazaste, y me dijiste: "¡Oye!“
Te escuché y tu voz se grabó;
entre mis brazos tu amanecer se quedó dormido.

Tus versos empaparon mis días;
tu perfume, a mi respiración;
y tu piel, a mis dedos y mis labios.

Tu melancolía se puso zapatos altos,
y tus recuerdos me vistieron de traje.

La magia se enredó con nuestros tropiezos,
la poesía se encontró en tu espalda
y la música en tus suspiros indiscretos.

Si no estabas aquí,
mis dedos te tocaban a lo lejos,
y mis ojos se cerraban para oírte.

¿Cómo no pensar en ti?

Si estabas aquí,
si tus historias se acurrucaban a mi lado,
y tu cabeza descansaba en mi pecho.

¿Cómo pensar sin ti?

Tú pintabas de naranja el cielo.
La noche no era oscura más.
Tú hacías al arte verse posible.
La fantasía ya no lo era más.

Quería caminar contigo por años.
Nos tomaríamos la mano al caminar
y sentiría que iba a alguna parte.

Quería dormir contigo mis últimos años.
Nos acurrucaríamos acostados
y no me haría falta nada más.

Pero tus miedos no dormían por las noches.
No siempre pude decirte: "Todo está bien".
Y querías que el mundo cambie,
porque no lo soportabas.

Tu sueño no quería ver la mañana.
Mis pasos interrumpían tu baile.
Mis ganas de soledad, golpeaban a la tuya.

Tus ojos se rodeaban de nubes sólidas
que ya no querían llover más.

Tú podías destruir la luna,
si lo hubieras querido.
Tú podías abrirme las costillas
y sembrarme dentro un corazón.

Mi miedo se moría por tu belleza.
Tu baile aligeraba mis pasos,
y tu risa me cantaba quién en verdad eres.

Mis ojos querían abrazarte
y, como ahora, les aterraba no verte más:

Si no estuviese aquí,
si mi silencio no se escuchase a lo lejos,
si mis manos no acariciasen tu cabello.

¿Pensarías aun en mi?

Si estuviese aquí,
si mis palabras se escondiesen a tu costado,
y detrás de mis propios dedos, mis labios.

¿Pensarías en mi?

Me hubiera gustado saber que si.
Que nuestros caminos, aunque se alejen,
finalmente se hubiesen cruzado de nuevo
y no habría hecho falta nada más.

Quizás sólo llorar en tu hombro,
abrazar tus palabras con una sonrisa,
verte a los ojos y decirte "hasta luego".

Y que el resto de palabras fluya
hacia dónde les dé la gana.
A diferencia de ahora que se reprimen
alrededor de una sola palabra: "Adiós".

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