Lago
Profundo el lago donde te encuentras,
sus heladas aguas violetas, hechas de tu tristeza,
acobijan cómodamente tu delicado cuerpo
como ninguna otra manta podría.
y te hunde cada vez más, lejos de mí,
tu pesada melancolía.
Más desciendes, más oscuras no me permiten
con claridad verte, donde el sol brilla,
desde el otro lado.
Llama tristeza desde el fondo, cantando melodías
que endulzan tus oídos y acompañado de
un trago de su cáliz hacen pesar tus ojos.
Caes fácilmente presa de sus dulces caricias,
que guían a un sueño del cual pocos vuelven.
Conozco sus encantos, pues dejé a sus delicadas
manos acariciar mi triste rostro,
mi lengua ha probado el sabor del vino de su cáliz,
pues yo de él, plácidamente, también he bebido.
Sin embargo, he de advertirte: sus caricias adormecen
y su trago final, en el paladar, siempre amargo es;
desde dentro, corrompe al ser y busca su total adormecimiento.
A negarlo no me atrevo, pues hipócrita sería;
hay tanta comodidad en la tristeza, y tú, Amada mía
te ves tan en paz en sus brazos, ahí debajo durmiendo.
Valor me falta, pues me aterra tanto sumergirme en tales aguas
a tratar fútilmente de allí sacarte,
me aterra tanto dejarme seducir de nuevo por su dulce toque,
no lograr distinguir su amargo trago y no volver a donde pertenezco,
donde para llegar tuve que cruzar descalzo el infierno,
nadar desde lo profundo sin aire que alivien a mis cansados pulmones.
¡Amada mía, sin embargo, por ti lo hago!
Me ato una cuerda al cuello en un posible acto suicida,
respiro hondo y dispongo a sumerjirme en tu búsqueda.
Pero cada vez que cerca de tí me encuentro te alejas,
¿Es esto es lo que deseas? Que vaya a tu rescate y
sola ates tus manos cuando las mías te extiendo,
ensordezcas tus oídos cuando grito desesperado tu nombre
y te ciegues al ver mis señas desde lo lejos.
Día y noche arduamente trato de ahí sacarte, pero no me dejas ayudarte.
Amor mío, te amo tanto, sin embargo no sé cuanto tiempo más esté dispuesto
a sumergirme para poder librarte.



