Cuando la vida olía a sabado
Quiero que huela a pasto cortado,
al pasto de otros años,
uno que ya no crece, que ya no huele,
uno que se cortaba temprano los sábados
con la chapeadora pesada,
empujada por el brazo de papá.
Solo él era tan fuerte para empujarla.
Y el sábado, todo olía a pasto
y a gasolina, a sol sancarleño,
a húmeda certeza de que la vida
era eso, solo eso: bondad y olores,
amapolas repletas de flores.
La vida era solo eso: rosquillas
humeando en el horno de mamá,
y ella era la poesía, ella era
las canciones de sus libros,
los cuentos de sus casetes.
Y todo era sábado,
todo era río y poza, mejenga y plaza,
miel de chiverre y empanada.
Cierro fuerte los ojos,
y en lo más hondo, todavía
tengo el recuerdo
del olor a pasto cortado.
Cómo quisiera que huela la vida
de nuevo un poco a ese
cielo soñado.



