Entierros desbocados

poema de Pando

Nunca fui partidario
de sepultar al aire libre,
mi capacidad de melancolía
es poéticamente voraz,
por eso vierto tierra a las voces
que me cuesta oír.

Me sirvo de la ignominia
del mutismo amordazado
para seguir conquistando
mis particulares proezas.

Es tan solo con el destierro
de los silencios febriles
como me erijo parco y sinuoso
en estas condescendientes victorias.

Estos entierros sin despedir
son los que instigan
que alimente la sed del pobre.

Aquí los lutos son inversamente proporcionales
al número de derrotas que entierro,
siempre cuesta más aprender a olvidar
que abandonar mis negligentes tropiezos.

A medida que la tierra
va suscitando la mudez
mi indolencia se alimenta.

Esto no es ningún descubrimiento,
es el fruto legítimo de lo
que nunca me hablaron mis padres.

De la mayoría de las consecuencias
que esquivo solo quedan
unos álbumes de posibilidades sin nacer
que aún conservo como remedio casero.

Soy de hacer el trabajo sucio
cuando el resto sueña,
así mi humilde inmundicia
solo apesta mis hojas,
así vomitarme resulta más humano.

El único error que cometo
con un ojo abierto,
es el de dejar a medio hacer
mis íntimos funerales.