EL MISTERIO DE SU CABELLO
Su pelo rosó mi rostro como una caricia de sus manos, y el viento que implacable persistía, en el acto desentrañó mi curiosidad; eran sus ojos escondidos en sus cabellos que en su último roce con mi piel destaparon la claridad de su mirada, mi reflejo absorbido y el augurio de dos suspiros eran su respiración.
Su cuello articulaba movimientos sosegados para acariciar hasta la última raíz de su cabellera, podía observarla con precisión mientras frenaba el viento con mis manos para palpar el detalle de su piel, la finura de su voz me convertía en un enamorado sometido de nuevo al ajetreo de sus cabellos, la suave brisa me impulsaba a escudriñar su corazón en un desenfreno de besos, adueñaban del paraje nuestras miradas compenetradas y sin dejarse distraer por la brisa excluían la existencia del horizonte.




