El Umbral de la Curiosidad

poema de Davi

Esperaba sentado,
rodeado de un ruido ajeno,
mientras el tiempo pesaba
tras mi larga ausencia.

Volver a estos muros
era un reto de calma,
buscando un lugar
donde encajar mi presencia.

Pero entonces
el azar se detuvo en un rostro.
No fue un rayo,
ni un fuego,
ni un golpe de suerte;

fue la extraña belleza de verte
habitando tu mundo,
tan sola,
tan plena,
tan viva,
tan fuerte.


Me quedé atrás,
midiendo los pasos del tiempo,
esperando el momento
de ser el guardián de tu entrada.

Sostuve la puerta,
el umbral de un inicio,
mientras tú, sin saberlo,
ya me dabas
la calma buscada.

En el aula,
mis ojos buscaron
el rastro de tus gestos.

Te vi reír de reojo,
cuidando tu alegría del resto,
girando el rostro
para que nadie notara
tu asombro,

en ese mundo tuyo,
tan privado
y tan honesto.

Al salir,
el destino nos puso
en el mismo camino,
el mismo bus,
la misma ruta,
el mismo compás.

No iba lejos,
mi refugio estaba ahí,
a unos pasos,
pero ese trayecto bastó
para no querer mirar atrás.

Ese día no volví a mi cuarto
con el vacío de siempre.

Me fui prendado
de una pregunta
y de tu risa guardada.

No era amor;
era el hambre
de conocer tu misterio,

la curiosidad de una luz
que por fin
me decía nada.