El Maguey

“En el altiplano, . . . es rey.”

Hay que gritarlo profundo,
mi México lo dio al mundo,
en náhuatl, metl, se llama,
es de agaváceas, fiel rama.

Por tierras altas y secas,
sus energéticas vetas,
feraces fincas de vida,
brota el maguey con medida.

En una fila, formado,
airoso, fuerte, educado,
este “cardo” suculento
que crece, terco, irredento.

Justo en los surcos del campo,
mostrando un hermoso encanto,
va plantado “a pie de gallo”,
“encadenado”, sin fallo.

En “maxacle”, linda hilera,
“metepán” o “mecalera”,
se gana su espacio a ley,
con majestad, como rey.

Escamoles, chinicuiles,
todos ellos muy gentiles,
se arrodillan a sus pies,
súbditos, en suelo y mies.

Las pencas verdes se yerguen,
en lontananza se pierden,
rasgan el cielo los picos,
nubes blancas son cobijos.

Maduro, de buen crecer,
en el centro de su ser,
guarda la piña sagrada,
por natura consagrada.

Su guardián, el jimador,
“tlachiquero”, catador
del néctar del aguamiel,
orgullo de Mayahuel.

Que brinda el pulque bendito,
beberlo, yo, necesito,
en un “tornillo”, una “xoma”,
la felicidad asoma.

Esas hojas, tan carnosas,
son forraje y otras cosas,
con sus fibras más textiles
se elaboran los “huipiles”.

Cactlis, del mejor estilo,
mantas, costales, buen hilo,
cuerdas, agujas, punzones,
material pa’ construcciones.

Amate, papel pergamino,
los Códices Mendocino,
Matrícula de Tributos,
nos narran sus atributos.

En rituales, sacrificios,
hay muchos otros indicios,
describiéndolas grandiosas,
curativas, poderosas.

Registran bien los anales
portentos medicinales,
contra la tuberculosis,
el reumatismo, fiel dosis.

De jugo con miel, melaza,
bien preparado en la casa,
jarabe, alcohol y vinagre,
que tal planta se consagre.

Moctezuma, sus jardines,
parcelas, otros confines,
adornaba con magueyes,
por ser símbolo de reyes.

Que la cultura se inculque,
el maguey no solo es pulque,
pues tiene mil propiedades
grandiosas, no nimiedades.

Que la historia, al fin, persista,
fue factor en la conquista
de México, por España,
es “pita” de mil hazañas.

Testigo del mestizaje,
adorna bien el paisaje,
con púas, penas, sin desliz,
vio cambiar nuestro país.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda.
Ciudad de México, a 12 de octubre del 2020
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