Madres e hijas

poema de Lola Amapola

La sangre tira.
Es así
aunque me pese
en los recovecos
de la memoria,
entre las costillas,
en la planta de los piés,
en el ínfimo espacio
de las huellas dactilares.
Ella tira.

No me lo repitas más, pienso.
No debería necesitar
que no me lo repitas más.
Pero es que
por muy bien
que una sepa
hacer oídos sordos;
la sangre tira.
Y la palabra de la sangre habla.
Habla alto.

Rituales cada luna nueva
de confrontaciones
en lo más profundo
del útero
hablan del conflicto,
ese, ese eterno.
Entre tú y yo.
Entre yo y yo.
Entre dos malditos triángulos,
por que alguien
tuvo que haberlos
maldecido
en algún momento
en el que nosotras
no éramos nosotras todavía.
Éramos otras que
en lo más hondo
lo recuerdan todo
y lo arrastran
por el mar
de los siglos.

Necesito limpiar.
Y dejar de escuchar
eso que me repites
sin ninguna clase de compasión.

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